Carla salió entusiasmada del trabajo, había estado toda la mañana mirando el reloj en la computadora esperando a que llegara el horario de salida.
-Estoy muy nerviosa Eze- admitió la joven cuando comenzaron a caminar hacia el centro de la ciudad
-Yo también- admitió el joven
-No me estás ayudando- exclamó con molestia
-¡Perdón pero me muero por verte de blanco!- gritó eufórico.
Caminaron unos minutos más, charlando de banalidades y chismes del trabajo cuando llegaron al punto de encuentro con