Nicolás y su empleado, apenas ingresaron al viejo pueblo casi abandonado, supieron que no sería fácil rastrearlos. Había muchos locales, edificios y fábricas abandonados, podrían estar en cualquiera de ellos.
-Lo mejor va a ser que nos separemos- deliberó Nicolás cuando se habían reunido en el medio de una ancha calle junto con sus demás hombres, desde ahí, salían varias calles diagonales hacia todas las direcciones del pueblo.
- ¿Está seguro señor? - exclamó preocupado su empleado más joven-