Mi niño se adaptó rápidamente al colegio, hizo amigos al instante y estaba más que contento de levantarse cada mañana para ir a jugar y aprender. Yo estaba más que feliz de verlo tan emocionado, la vida de sufrimientos se sentía lejana y estoy segura de que él lo olvidaría con el pasar del tiempo.
Era lunes otra vez cuando pasé a buscar a mi niño al mediodía, una de las maestras se me acercó.
-Buenos días señorita Hamilton- me saludó amablemente mientras corría hacia mí.
-Buenos días- repetí