Me asomé por la puerta, tratando de que no me escuchen. Caminé en puntas de pie y con todo el cuerpo con espasmos, aún lloraba pero me tragué los sollozos. La luz de la cocina iluminó mi rostro congestionado y ahí los ví.
Me tuve que tapar la boca al ver que el rostro de Nicolás estaba cubierto con sangre y que el hombre estaba parado frente suyo con todas las de ganar.
Me apresuré a cruzar la puerta sin que me esuchara, me quité los zapatos y subí las escaleras de dos en dos.
Entré al baño y