-¡Suéltame hijo de puta!- grité golpeando su pecho lo más fuerte que mucho.
Su rostro pervertido se había convertido en uno de fastidio cuando vio que no se la dejaría fácil.
-Cállate, zorra- exclamó y me pegó un golpe certero en mi pómulo derecho dejándome en shock.
Aprovechó que había quedado dura y dolorida por el golpe para agarrarme de mi cintura y en un solo movimiento darme la vuelta y estampó mi cuerpo contra la mesada dejándome vulnerable a lo que sea que vaya a hacerme. Quedé en sho