-Tenemos que hablar- dije apenas entré a nuestra casa. Me iba a escuchar todo lo que tenía para decir.
-Ahora no puedo- sentenció.
Parecía un animal enjaulado, caminando de una punta a la otra de la sala, con un vaso de whisky en la mano.
-Son las 11 de la mañana, ¿Lo sabías?
-Me ayuda a calmar los nervios- tomó un sorbo.
Me acerqué a él y le arrebaté el whisky de la mano.
- ¿Qué haces? - protestó
Tomé todo lo que quedaba del vaso de un solo tirón, me quemó la garganta, pero fingí que no.