Muy lejos de ahí, un sonido resonó como un eco tormentoso, un lamento que parecía atravesar el tiempo y el espacio, un dolor tan profundo que Kaen lo sintió en cada fibra de su ser.
Era un grito desgarrador que lo llamaba, un eco de su pérdida que lo envolvía en una oscuridad abrumadora.
Sin pensarlo dos veces, lanzó un rugido que reverberó en el aire, un aullido que casi toda la manada pudo escuchar.
Convertido en su forma lobuna, salió disparado del campamento, corriendo por el bosque con una