Valentina se quedó allí con la pregunta de Cecilia flotando en el aire.
No tenía idea de qué responder a eso. La niña tenía tres años, era completamente sincera y la miraba con esa expectativa abierta que hacía imposible responder algo complicado.
—Tal vez —dijo Valentina. Sonrió—. ¿Tienes hambre? ¿Quieres algo de comer?
El rostro de Cecilia se iluminó de inmediato.
—Chocolate —anunció. No lo dijo como una petición. Lo dijo como una decisión que ya estaba tomada.
Valentina se rio. Se agachó y