**Emilio**
—¿Estás bien? —le pregunté a Val al día siguiente al darme cuenta de que estaba demasiado rígida y demasiado callada.
Ella me miró lentamente y asintió.
—Sí, estoy bien —dijo con una sonrisa.
Incluso su sonrisa se sentía forzada y mecánica.
—¿Estás segura? ¿Es náuseas matutinas? —pregunté, buscando en su rostro.
Ella negó con la cabeza y dijo que estaba bien. Solo estaba cansada.
—¿Quieres que te lleve de vuelta a casa?
—No, no —protestó—. Estoy bien. Solo… —se quedó callad