Cuando cayó en la cama ya estaba amaneciendo, se arropó y no tuvo la necesidad de encender la luz, inmediatamente se quedó dormida.
Por la tarde despertó desesperada, no podría respirar, algo se lo impedía. Creyó tener una paralisis del sueño, así que se sentó de golpe y vio a Hades caer de su cara a sus piernas. El perrito le ladró enojado, y ella suspiró aliviada.
— ¿Estas bien? — Luciano se incorporó despeinado y ojeroso.
— Si, Hades me estaba asfixiando. Me asusté. — Le dijo ella antes de