Los primeros en llegar fueron Reginald, Candace y Lavinia. Llevaban sus mejores galas, y venían con aires de suficiencia.
— Buenas tardes, señor. Que alegría tenerlos en la celebración de hoy. — Luciano le dio la mano con fuerza y una enorme sonrisa.
— ¿Donde esta tu novia? Hay que felicitarla a ella también. — Respondió el hombre con camaradería.
— Su peluquera no la dejara aún. — Se excusó. — Pero mi padre lo está esperando en el jardín.
— ¿Habrá más gente joven el día de hoy, señor Luciano