Los primeros rayos de sol se filtraron con intensidad a través de las cortinas, golpeando el rostro de Hayley y obligándola a abrir los ojos lentamente. La luz era implacable, y el malestar que recorría su cuerpo no le permitió seguir durmiendo. Con un gesto automático, llevó las manos a su frente y comenzó a masajearla, intentando aliviar el dolor punzante que palpitaba en su cabeza, como si en cualquier momento fuera a estallar. Un gemido ahogado escapó de sus labios al no poder soportar la p