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Sofía se tocó el pecho, sintiéndose atrapada en un laberinto sin salida. Todo esto se estaba complicando cada vez más. No sabía cómo manejarlo. Sentía que estaba entre la espada y la pared. No quería que nadie saliera lastimado, pero era evidente que eso sería imposible. Hugo no descansaría hasta cumplir su cometido, y Sofía no sabía hasta dónde sería capaz de llegar.
Se subió a su auto, con la mente saturada de pensamientos y emociones. No se percató de que, no muy lejos de allí, Eliza estaba