.58.

—Lo siento tanto... —La rubia musitó acongojada.

—Lo sé, pequeña, pero nada va a cambiar lo que pasó. Fueron golpizas interminables. Todas las veces que regresaba de la enfermería, solo era para que me volvieran a golpear... eventualmente tuve que hacer algo. Te defiendes o te matan, y preferí defenderme. Pero para eso, tuve que hacer cosas de las cuales me avergüenzo, pero que fueron las únicas que me ayudaron a sobrevivir. —El castaño tomó la mano de Sofía con la suya—. Me obligué a buscar qu
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