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—Yuri, trae las llaves de esta habitación —le escuchó decir.
—Si te atreves a abrir esta puerta, Fernando Devís, te juro que tomaré mis cosas y me iré de tu casa —le advirtió, y el azabache se detuvo.
—Sofía, bebé, por favor... hablemos.
—Buenas noches, Fernando... —dijo con los ojos llorosos y no volvió a hablar.
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Fernando suspiró profundamente, dio vuelta a la llave y entró a la habitación, una que no era la de él. Sí, recordaba cómo Sofía lo había amenazado con irse si se atrevía a entrar