Perdí la cuenta. No solo de los orgasmos, sino del tiempo. No sabía cuánto tiempo llevábamos haciendo el amor en ese gimnasio. Lo que sí sabía era que mi cuerpo se sentía como si hubiera sido golpeado por olas. Olas de placer que llegaban una tras otra, a veces suaves, a veces feroces, pero siempre dejando una sensación de calor en cada terminación nerviosa.
Luca se movía sobre mí con un ritmo lento y profundo. No como otras veces, que era brusco y salvaje. Esta noche era diferente. Sus fríos o