Unos días después, el ambiente en la mansión se sentía diferente. No sabía exactamente desde cuándo, pero de repente todos los sirvientes dejaron de hablarme en inglés o español. Elena, Aria, incluso el odioso Stefano, todos hablaban en italiano.
—Buongiorno, Signora. Come stai oggi?
Parpadeé. —¿Qué?
—Come stai? —repitió Elena con una sonrisa amable.
—No te entiendo, Elena. Háblame en español.
Elena solo sonrió y repitió las mismas palabras. —Come stai, Signora?
Suspiré frustrada. —Estoy bien,