Me dirigí hacia la puerta. Tenía que irme. Tenía que alejarme antes de que hiciera algo que me hiciera arrepentir.
Pero Luca fue más rápido.
Su mano grande agarró la puerta y la cerró. La llave giró. Oí el clic del cerrojo. Estaba atrapada en ese gimnasio con él.
Con su cuerpo semidesnudo y empapado en sudor. Con su pene ya duro y tenso bajo los pantalones cortos.
—Abre la puerta.
—No.
—Luca.
—Tú entraste aquí. Tú te paraste frente a mí con ese olor a vagina que se huele cada vez más. No me cul