—Estás loco.
Fue lo único que pude decir.
Luca seguía sonriendo, ni un poco afectado por mi reacción. Su mano todavía sostenía la mía y su pulgar continuaba acariciando el dorso de mi mano con un movimiento que me impedía pensar con claridad.
—¡Nos conocimos hace apenas unos días! —dije.
—Y en esos pocos días salvaste a mi padre, me pateaste la cara y me dejaste sin dormir pensando en ti. —Se inclinó un poco más hacia mí—. Creo que es suficiente.
Retiré mi mano de la suya y di un paso atrás.
—N