Esa noche no pude dormir.
El reloj sobre la mesita de noche marcaba las 02:47.
Detrás de la puerta podía escuchar pasos yendo de un lado a otro. Dos hombres, quizá más. Hombres vestidos con trajes negros a quienes Luca había ordenado vigilarme.
Mi teléfono seguía en mi mano. La pantalla estaba rota en la esquina superior derecha y la batería apenas tenía un doce por ciento. Había estado revisando vuelos, buscando cualquier posibilidad. Aerolíneas internacionales. Números de contacto de la embaj