POV DE ARYA
No podía dejar de pensar en el beso y, durante toda la mañana, seguí repitiéndolo en mi cabeza.
No podía olvidar la sensación de sus manos en mi rostro ni la desesperación en cada toque.
En la cocina, se suponía que debía estar preparando el desayuno, pero quemé las tostadas dos veces.
—Arya, ¿estás bien? —preguntó mamá, rescatando el pan humeante de la tostadora—. Pareces distraída.
Sacudí la cabeza. —Estoy bien. Solo cansada.
Pero no estaba bien. Era un desastre.
Más tarde, intent