POV DE ARYA
Las bolsas de compras pesaban, clavándose en mis palmas mientras regresábamos a la villa. No me importaba. Eran la prueba del mejor día que había tenido en mucho tiempo.
Pero en cuanto el coche se detuvo frente a la entrada, algo se sintió... extraño.
Enzo nos estaba esperando en la puerta. Su sonrisa habitual había desaparecido, reemplazada por un ceño fruncido. En cuanto nos vio, se enderezó y dirigió inmediatamente la mirada hacia Giovanni.
—Jefe —lo llamó—. Tenemos que hablar. E