PUNTO DE VISTA DE ARYA
A las siete de la noche, la cerradura hizo clic y uno de los guardias entró.
—Ven conmigo —dijo con brusquedad.
Levanté la vista desde el suelo, donde estaba sentada. Las pruebas de embarazo sin abrir seguían escondidas bajo el colchón.
—¿A dónde vamos? —pregunté, con la voz fina por la ansiedad.
Ni siquiera me miró.
—Solo ven.
—Pero ¿a dónde…?
—He dicho que vengas. —Chasqueó, haciéndome estremecer.
Me puse de pie con las piernas temblorosas; mi tobillo torcido aún dolía