Capítulo 31. Una lección de humanidad.
Los hombres se giraron hacia Stella, sus rostros reflejaban sorpresa y molestia. Era evidente que no esperaban ser interrumpidos.
—No es asunto suyo, señorita. Estos perros son una molestia y deben irse de aquí —gruñó uno, con tono agresivo.
Stella no vaciló. Se plantó frente a ellos, su postura firme y desafiante.
—¿Molestia? —espetó, con una ceja arqueada—. Son seres vivos, no basura. Si tanto les incomodan, hay formas más humanas de alejarlos.
El hombre frunció el ceño, claramente incómodo c