Capítulo 30. Descubriendo lo ordinario.
Stella sintió cómo el tiempo se suspendía al contacto de los labios de Guillermo. Era suave, inesperado, pero lleno de una intensidad que parecía sacudirle el alma. Cerró los ojos, dejándose llevar por esa corriente que la atrapaba, permitiendo que la calidez del momento la envolviera por completo.
Por un instante, todo el caos y la tensión del día desaparecieron. Era como si el mundo se hubiese detenido, dejando solo a ellos dos en ese rincón olvidado del pasillo.
Alicia salió de su habitación