Mundo ficciónIniciar sesiónElizabet despertó lentamente, envuelta en un capullo de calor y suavidad. Lo primero que notó fue el aroma: almizcle, cuero y el olor masculino y terroso de Darius, impregnado en las pieles que la rodeaban. Era un olor que la hacía sentir segura, reclamada. Abrió los ojos y la suave luz del amanecer se filtraba en la cueva, tiñendo la piedra de tonos grises y rosados. El fuego del centro era ahora un lecho de brasas incandescentes que desprendían un c







