La noche caía sobre la ciudad como un manto de terciopelo negro. En el sótano de uno de los clubes de Aleksandr, el aire se sentía denso, cargado de tensión y humo de cigarrillos. Siete hombres rodeaban una mesa rectangular donde un mapa de la ciudad estaba desplegado, marcado con círculos rojos y anotaciones en cirílico. Aleksandr, de pie en la cabecera, apoyaba ambas manos sobre la superficie mientras su mirada recorría los rostros de sus más leales.
—Iván ha cruzado todos los límites —dijo co