El cristal estalló en mil pedazos. Valeria se arrojó al suelo por puro instinto mientras Aleksandr la cubría con su cuerpo. Los disparos continuaron, perforando las paredes del penthouse como si fueran de papel.
—¡No levantes la cabeza! —le ordenó él, su voz convertida en un gruñido animal.
Valeria se aferró a su vientre, protegiéndolo con ambas manos. Apenas habían pasado tres días desde la última amenaza de Iván, y ahora esto. El ataque frontal que Viktor había advertido finalmente había llega