Mundo ficciónIniciar sesiónEl hospital en Ginebra olía a desinfectante y promesas rotas, con Valeria en cama recuperándose de cirugía en pierna mientras Aleksandr permanecía vigilante en silla junto a ella, negándose a dormir.
La luz del amanecer se filtraba entre las persianas venecianas, proyectando líneas doradas sobre las sábanas blancas que cubrían el cuerpo maltratado de Valeria. Había pasado seis horas en quirófano mientras los cirujanos reconstruían su pierna destrozada, insertando placas de titanio y tornillos que mantendrían unidos los fragmentos de hueso como si fueran piezas de un rompecabezas particularmente cruel.
Cuando finalmente abrió los ojos, la primera imagen que registró fue la de Aleksandr inclinado sobre ella, su rostro marcado por la falta de sueño y algo más profundo que el simple agotamiento. Sus ojos azules, normalmente tan fríos como el hielo siberian







