Mundo ficciónIniciar sesiónAleksandr estudió los planos que aparecieron misteriosamente en su correo encriptado como si fueran las escrituras sagradas de alguna religión olvidada, memorizando cada pasillo, cada punto débil, cada trampa potencial. Las líneas azules sobre fondo negro revelaban un laberinto de hormigón y acero donde Valeria estaba atrapada, donde Viktor jugaba a ser dios con las vidas que más amaba.
La sala de operaciones improvisada en el almacén abandonado bullía con actividad controlada. Treinta mercenarios—hombres y mujeres que habían vendido su alma a la violencia mucho antes de que Aleksandr los contratara—verificaban armas, revisaban equipos de comunicación, trazaban rutas de escape. El aire olía a aceite de armas y al café amargo que Dimitri había preparado en una cafetera industrial que parecía sobreviviente de alguna guerra mundial.
—Tres punto







