El eclipse de las almas I
Los hilos de humo negro ascendieron desde las rendijas del suelo y treparon por las columnas del salón del trono. Afuera, el ejército de no-muertos se desplegó por completo en los patios coloniales del palacio. La Manada de Hierro intentó organizarse en medio de la penumbra para el asedio final, pero la impasibilidad que Valerius demostró al pie de la tarima chocó de inmediato contra la impulsividad de su hijo adolescente. Leo entró al salón a pasos rápidos, con el sable de su abuelo desenvainad