El eco helado de las palabras del Rey de las Sombras se apagó en la mente de Sia mientras la figura de ceniza se disolvió por completo en el aire del salón del trono. La luz gris que entró por los ventanales altos iluminó los restos de madera y polvo sobre el suelo. Sia se quedó inmóvil junto a la columna, agarrándose el abdomen con las dos manos, sintiendo un sudor frío que le empapó el cuello de su camisa. La frase acusatoria le resonó en los oídos como un golpe seco, pero antes de que pudier