Sia dio tres pasos lentos hacia el centro exacto de la bóveda de cristal, sintiendo cómo el frío seco y helado del ambiente le atravesaba con rapidez las suelas delgadas de sus botas de cuero gastado. La puerta pesada depp marco de hierro negro se cerró a sus espaldas con un golpe metálico retumbante que hizo eco en las paredes de la pequeña estancia subterránea. A través de la estructura, escuchó el chasquido seco del pasador ajustándose con firmeza. Valerius la había dejado encerrada una vez