La silueta del Valerius de las sombras cruzó el umbral con una tranquilidad que heló la sangre de la joven. El hombre de las cicatrices no traía consigo el sable, pero la pesadez de su presencia llenó la habitación de la torre oeste de inmediato, barriendo el aroma a vainilla que aún flotaba en el ambiente. Vestía únicamente una camisa de lino oscuro entreabierta en el cuello, dejando ver de refilón los tres puntos oscuros de su hombro derecho, la marca de nacimiento que había condenado al ex A