El impacto del metal contra la madera del ventanal destruyó el silencio de la habitación. Valerius descargó el sable corto con la fuerza de su hombro y los cristales se hicieron pedazos, desparramándose sobre las losas de piedra como cuentas de un collar brillante. El Valerius de las sombras soltó de inmediato la mandíbula de Sia y dio un paso hacia el centro de la habitación, mientras sus facciones se llenaban de un odio que no se hizo esperar.
La paria aprovechó ese instante de distracción;