El suelo de lodo seco bajo los pies de Valerius crujió cuando dio el primer paso dentro de la dimensión de bolsillo. El ex Alfa mantuvo el sable corto levantado, a pesar de que el brazo le pesaba como si fuera de plomo y el sudor de la fiebre aún le corría por la nuca. El espacio gris, con sus paredes lisas de granito oscuro que parecían cerrarse sobre ellos, se llenó de una tensión insoportable. Frente a él, el impostor no se movió, aunque apretó con más fuerza la daga de hueso que llevaba en