El brillo morado del amuleto que Caspian había traído dejó una marca permanente en el ambiente de la cueva, pero el verdadero cambio ocurrió dentro del cuerpo de Sia. Horas después de que las runas se apagaran, cuando la marea alta comenzó a bajar y el suelo de grava quedó cubierto por una capa de sal seca, la joven experimentó una sacudida interna que no se parecía a los dolores del parto ni a la presión del lazo invertido. Ocurrió en un rincón apartado de la gruta, lejos de las miradas de los