Sia miró fijamente a Caspian mientras procesaba cada una de las palabras que el Alfa impostor acababa de soltar en el suelo de la cueva. La idea de que el viejo rey del norte estuviera viajando hacia esa costa para buscar lo que ella tenía en el pecho no le dio miedo; al contrario, encendió su orgullo de una manera que nadie en ese refugio esperaba. Acomodó al pequeño Leo en sus brazos, sintiendo cómo el bebé respiraba con una calma total a pesar de los truenos que golpeaban afuera de la gruta.