Sia dio un paso al frente, apretando la manta contra su antebrazo derecho para ocultar el ardor que no le daba tregua. La presencia del emisario de la costa en el patio de armas abría una grieta de alivio entre los sobrevivientes que miraban con hambre desde los arcos de piedra. Los carromatos cargados con barriles de sal, pescado seco y fardos de tela limpia significaban la diferencia entre la vida y la muerte para los niños de la ladera durante las próximas semanas.
Valerius mantuvo la mano a