El sonido del llanto del recién nacido atravesó la nada blanca en la que Sia flotaba, trayéndola de regreso a la realidad de un golpe brusco. Sia abriéndose paso desde el fondo de esa oscuridad luminosa, sintió el impacto del aire fresco metiéndosele por la garganta con violencia. Inhaló una bocanada de aire profunda, ruidosa y desesperada, como si sus pulmones llevaran días cerrados sin recibir un solo aliento de vida. Su cuerpo se sacudió sobre la superficie suave donde yacía, y el dolor que