Las palabras de Valerius quedaron flotando en el aire fresco del patio, suspendidas sobre la hierba húmeda y entre las paredes improvisadas de ramas que el estallido había creado. Sia sintió un estremecimiento inmediato que le bajó desde la nuca hasta la base de la columna. Sostuvo la mirada del hombre sin pestañear, procesando la carga cruda de la petición.
El temible verdugo de las montañas, la figura que durante años hizo temblar a cada manada de la frontera con solo pisar sus tierras, perm