51. ¿No es eso lo que soy, Alfa?
El pasillo estaba en silencio.
Solo se escuchaba el eco de sus propios pasos y el leve crujido de la bandeja entre sus manos.
Lana tragó saliva cuando se detuvo frente a la puerta cerrada.
No necesitaba tocar.
Él ya sabía que estaba allí.
Siempre lo sabía.
El peso de la comida entre sus dedos no era nada comparado con el peso que sentía en el pecho.
No porque le temiera, sino porque odiaba el modo en que su cuerpo reaccionaba cuando él estaba cerca, era como si algo dormido se encendiera de rep