88. Limpiar su nombre
El pasillo estaba vacío.
O eso creyó hasta que captó un aroma familiar.
El único macho que siempre había tratado a Lana como si fuera una persona, no un objeto del harén.
Caius.
El macho dio un par de pasos rápidos cuando la vio. Sus ojos, normalmente risueños o burlones, ahora se abrieron con un golpe de horror.
—Lana.
Él llegó a ella en dos zancadas, tomó su rostro entre sus manos y la inspeccionó como si temiera encontrar heridas ocultas.
Lana parpadeó, sorprendida por el contacto cálido, pro