80. Encerrada
Eryx se giró cada parte de su cuerpo estaba tensa.
Todo él era furia.
Furia y deseo.
Furia y pérdida.
Angustia.
Se pasó una mano por el cabello antes de volver a mirarla.
—¿Sabes lo que significa que hayas matado a uno de los míos? —rugió abruptamente.
—Sí —soltó ella con un hilo de voz.
—¿Y aún así me lo dijiste?
Ella esta vez no respondió.
Él ya sabía la respuesta.
—Levántate —ordenó con la mandíbula apretada.
—¿Qué...?
—¡Te dije que te levantes!
Ella lo hizo, le obedeció torpeme