56. Lo que sea para protegerte
—No me hagas daño —susurró la voz quebrada—. Por favor... no le hagas daño a mi cachorro.
Liam la dejó en el suelo de golpe cuando llegaron a la puerta de una cabaña grande, la del Alfa.
Él la miró a los ojos fijamente.
—No te haré daño —dijo con un tono de voz suave bajando la mirada hasta el vientre de Zoe—. Ni a tu cachorro, no si cooperas. Entra.
Zoe dudó.
Sus pies se negaban a moverse, quería correr, gritar...
“Caius…”
En su mente lo llamó como si él pudiera escucharla, ella quería desespe