55. La profecía no miente
Zoe creía que había ocultado su aroma totalmente pero ese macho había captado el aroma de su hijo.
Ella sintió que su pecho se oprimía en terror crudo ante cualquier cosa que fuera capaz de hacerle a su cachorro porque acababa de amenazarlo.
Liam rio bajo de manera siniestra asustando aún más a Zoe. Su brazo la sujetaba con fuerza alrededor de su cintura, manteniéndola sobre su hombro como si fuera un trofeo de caza y ella dejó de patalear a pesar de la furia indescriptible que sentía, sus puño