43. ¿Tú quieres a esa loba?
Pero Eryx no lo hizo.
Su mente era un campo de batalla.
Su cuerpo quería someterla, marcarla, hacerla suya frente a todos, pero su cabeza recordaba la promesa de no debilitarse con ninguna hembra. Y también estaba la protección, cualquier acto impulsivo podría ponerla en peligro.
—Te encierro porque es lo único que puedo hacer para protegerte —dijo finalmente, liberando sus brazos y retrocediendo un paso—. No es un castigo. Es… precaución.
Lana lo miró con los ojos brillando de rabia y frustr