4. Quédate conmigo
Ella alzó la vista lentamente, encontrándose con aquellos ojos verdes oscuro que ahora estaban tan cerca que podía ver perfectamente su color que casi siempre parecía negro a la lejanía. Su aliento cálido rozó la mejilla de Zoe con un leve aroma a pino y a algo más profundo, más... tentador.
Zoe juró que vio algo más en ellos, una duda, un anhelo. Pero fue fugaz. Quizás, parte de su imaginación.
—Ten cuidado —murmuró él con la voz enronquecida que casi sonó como un gruñido bajo.
Zoe tragó sali