29. Entrenando a la nueva concubina
Lana apretó los labios, insegura de cómo pedir lo que quería.
Después de que se había vestido con la ropa del closet que él le había dicho que usara casi se sentía desnuda.
El Alfa había vuelto a la que parecía ser su nueva habitación, lo que la hacía sentir aún más inquieta. Casi vulnerable con su mirada penetrante sobre ella.
Eryx estaba de pie, imponente como siempre, los brazos cruzados sobre el pecho desnudo, los músculos tensos bajo la luz del día que entraba por la ventana. Su sola prese