30. Posesión
Lana caminaba por el pasillo intentando despejar su mente cuando escuchó una voz conocida llamarla en un susurro.
—¡Lana! —Zoe se acercó apresurada con el ceño fruncido y la respiración entrecortada—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¿De verdad eres la nueva concubina del Alfa? ¿Y qué fue todo eso con el Beta?
Lana sintió un vuelco en el corazón.
—Zoe… —murmuró casi sin voz.
Su amiga la miró de arriba abajo, evaluándola con preocupación.
—¿Sabes el susto que me diste cuando desapareciste? ¿Ni